lunes, 25 de marzo de 2013

HARRY BROWN de Daniel Barber

TÍTULO ORIGINAL: Harry Brown
DIRECTOR: Daniel Barber
GUIÓN: Gary Young
FOTOGRAFÍA: Martin Ruhe
MUSICA: Ruth Barret, Martin Phipps
REPARTO: Michael Caine, Emily Mortimer, Ian Glen, Jack O´Connell, Liam Cunningham, Sean Harris, Amy Steel, Ben Drew, David Bradley, Raza Jaffrey, Joseph Gilgun.
PRODUCTORA: Marv Films / Prescience Film Fund / UK Film Council
GÉNERO: Thriller.

De un tiempo para acá se ha dado un fenómeno bastante peculiar en el cual ciertos directores y/o interpretes realizan un ejercicio un tanto revisionista sobre el cine que se volvió un referente en la propia historia del cine (o que los marco de manera personal), de ahí que inevitablemente figuras como Clint Eastwood, Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Robert De Niro o el propio Micheal Caine sean retomados como héroes cinematográficos en proyectos que a las nuevas generaciones podrían parecerles bastante anacrónicos en una era digital donde las virtudes del individuo ya no se miden por la sapienza o la interacción personal del mismo, sino por cuantos amigos se tienen en Facebook; y si a esto aunamos  que las nuevas audiencias no han revisado el trabajo más emblemático de dichos sujetos, pues difícilmente pueden darles el justo valor a dichas figuras. Empero y haciendo un poco de memoria podemos descubrir que el mismísimo Quentin Tarantino ya había ejecutado este ejercicio desde sus primeras obras como Pulp Fiction (1994) o Jackie Brown (1997) donde  este rescataba  del olvido a actores como John Travolta, Pam Grier, Robert Forster e incluso a un Michael Keaton en horas bajas con el objeto de revalorizar su trabajo.

Pues bien y siguiendo en esta tónica postmodernista, el gran actor Michael Caine quien ahora es un reconocido y respetado actor dramático por sus grandes dotes histriónicos, capaz  de elevar la calidad de cintas con su sola presencia y pocos minutos frente a cámara como lo hiciera en Los Hijos del Hombre (Cuarón, 2006) o The Dark Knight Rises (Nolan, 2012),  e incluso ser capaz de hacer que el respetable soporte infames títulos como Miss Simpatía (Petrie, 2000) o Hechizada (Ephron, 2005) por el hecho de verlo en escena, está de vuelta como si de un Harry Callahan o Paul Kersey se tratara en este interesante thriller llamado simplemente Harry Brown, donde la venganza y la justicia son el motor emocional de su protagónico (aunque estos aspectos estén separados por una línea muy tenue).

Sin embargo no es de extrañar que Caine interprete este tipo de papeles puesto que el actor británico protagonizó a finales de los años sesenta y principios de los setenta dos filmes que ya se han vuelto de culto como, Un Trabajo en Italia (Peter Collison, 1969) o Asesino Implacable (Mike Hodges, 1971) cintas en donde el actor cambiaba de registro en comparación al casanova incurable de la cinta Alfie (Gilbert, 1966), por cierto y haciendo un paréntesis debo mencionar que los dos primeros títulos tienen sus respectivos remakes bastante decentes pero inferiores a las originales, el primero protagonizado por Mark Wahlberg y un Jason Statham antes de ser una súper estrella del cine de acción, y el segundo por Sylvester Stallone quien se hace acompañar de Mickey Rourke y del propio  Mr. Caine. Pero ya centrándonos en el filme de Daniel Barber, esta nos cuenta la historia de un ex marine de ochenta años jubilado, llamado Harry Brown (Caine), el cual vive en unos suburbios londinenses donde la prostitución, las drogas y la delincuencia son controlados por bandas juveniles que tiene asoleados a los habitantes del lugar, motivo por lo cual los moradores del complejo habitacional se han hecho de la vista gorda para no meterse en problemas con la peligrosa banda que se encuentra liderada por un chico llamado Noel Winters (Ben Drew) hijo de un narco que se encuentra recluido pero que cedió el poder al chico.

Total que la vida de Harry Brown (Caine) transcurre algo tranquila entre las visitas al bar de la localidad junto a su amigo Leonard Attwell (David Bradley) quien insiste que el vecindario se ha vuelto menos que mierda, incluso le hace saber a Harry que ya no se siente seguro viviendo en el barrio por la inseguridad que provoca la banda de Winters. Empero el viejo Harry toma algo a la ligera el sentir de Leonard y le recomienda no preocuparse; pero días después los detectives Alice Frampton (Emily Mortimer) y Terry Hicock (Charlie Creed Miles) visitan a Harry para notificarle que el señor Attwell ha sido asesinado (pues este no tenía más conocidos) por lo cual le prometen dar con los responsables. Lo que sigue después es presenciar el desquebrajamiento moral y emocional de Harry quien con gran impotencia y tristeza se arrepiente de no haber escuchado a su amigo, de ahí que después de vivir su duelo este toma un poco de valor y comienza a vigilar a la pandilla local para descubrir si estos fueron los responsables de la muerte de su amigo.

Y como el respetable podrá inferir las primeras muertes a manos de Harry Brown son más una combinación de suerte y accidente, o simplemente el resultado de un juego perverso por parte del destino (asfixiante y sórdido es el momento en que el protagonista ejecuta a dos yunkies traficantes cuando intenta comprar un arma, mientras una mujer agoniza en la asquerosa morada de estos al haber sido violada y drogada), sin embargo estas marcan psicológica y moralmente a nuestro crepuscular protagónico para que tome el valor suficiente y dedique su existencia a acabar con Noel Winters y su banda de delincuentes para cambiar aunque sea un poco la repugnante realidad en la que se ve inmerso pese a que de ello dependa su propia vida y por supuesto a actuar fuera de la ley. Es curioso cuando uno vislumbra una cinta como Harry Brown y descubre que las cosas no han cambiado mucho en cuatro décadas al menos en cuanto al sentimiento de impotencia por parte de la sociedad ante sus instituciones que salva guardan la ley (los cuales se ven reflejados en el discurso del filme), las cuales parecen cada vez más alejadas del ciudadano común y corriente para brindarles procesos de legítima justicia.

Y es que el  que esto escribe cuenta con 33 años en los cuales gran parte de estos ha visto infinidad de cintas como las mencionadas Harry El Sucio (Siegel, 1971) y El Vengador Anónimo (Winner, 1974) con las cuales guarda infinidad de similitudes ideológicas el trabajo de Daniel Barber, e incluso varias de Steven Seagal (las cuales ya no compartían el legítimo discurso de las dos primeras mencionadas) o algunas de  Valentin Trujillo como Ratas de la Ciudad (ídem,1986) y Violación (ídem, 1989),  (ejercicios honestos por parte  de Trujillo para comprender el fenómeno de la injusticia en un país como México) y es interesante descubrir el fenómeno que causan estos filmes en el espectador desde lo chocante hasta cierta satisfacción o catarsis, pues indudablemente estos personajes representan ese alter ego que uno quisiera ser como si de Batman se tratara para verter aquella impotencia de no encontrar justicia. Por supuesto con esto quiero dejar en claro que la cinta de Barber en si no aporta nada nuevo al género pero su hora cuarenta minutos tampoco son un desperdicio pues el filme está bien hecho y se deja ver, más sin embargo el punto álgido del mismo es sin lugar a dudas la portentosa interpretación de Michael Caine quien borda su personaje con tal compromiso, que su Harry Brown se vuelve un sujeto de carne y hueso al cual apoyamos en sus motivaciones, e incluso es capaz de transmitir esa zozobra que experimenta cuando se encuentra en peligro inminente.

Y es que estamos ante uno de los actores más notables de su generación, un sujeto capaz de salvar alguna que otra situación un tanto jalada de los pelos en la historia, como por ejemplo cuando este se interna en un túnel y enfrenta a tiros a unos peligrosos pandilleros y sale ileso de tal confrontación, sin embargo el buen quehacer de Caine le da esa nota de credibilidad al relato por lo cual lo que podría parecer un telefilme se salva gracias al histrión británico. Por supuesto y como había comentado la labor de Barber detrás de cámaras también es loable pues este se preocupa por desarrollar con cierto brío unos personajes que no dejan de percibirse bastante arquetípicos, sin embargo el manejo de suspense está bien desarrollado y el filme no decae en ningún momento. Así mismo el filme se encuentra bastante bien en su apartado visual, al tiempo que las locaciones escogidas muestran ese Londres jodido a nivel cultural y social, lleno de etnias raciales, aspectos que casi nunca se muestra en los noticieros, y por supuesto la fotografía en tonos fríos viene a reforzar ese aire pesimista a la historia.

Ahora bien los personajes de soporte también sirven como engranes para que la historia avance y por supuesto para que se produzcan aquellos conflictos que el protagónico deberá sortear, por lo cual se agradecen las sobrias interpretaciones de Charlie Creed Miles y Emily Mortimer (como los comprometidos agentes de la ley), y por supuesto la interpretación tan visceral de Ben Drew como el joven Winters, sujeto que al final se descubre solo como un engrane en la gigantesca maquinaria que representan las organizaciones criminales, por lo cual  este también se descubre como una víctima más del medio y de la descomposición social del sujeto contemporáneo.

De ahí que sí, se pueden hallar algunas pinceladas sobre un análisis algo escueto de aspectos éticos y morales sobre tomar la justicia por propia mano (los personajes de los detectives que luchan contra los huecos legales que dan libertad al villano en turno es loable), más sin embargo todo queda en mera anécdota pues no se profundiza demasiado. Ya para finalizar diré que puedo recomendar ver Harry Brown como un sólido entretenimiento y no más, pues como comentaba el guión no es cosa de otro mundo y también es tramposo con algunas situaciones bastante improbables, empero bien vale su visionado para constatar que Michael Caine se encuentra en forma para seguir deleitándonos con geniales interpretaciones y por supuesto por la honestidad del producto.

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domingo, 17 de marzo de 2013

EL ÚLTIMO DESAFIO de Kim Ji-Woon

TÍTULO ORIGINAL: The Last Stand
AÑO: 2013
DURACIÓN: 107 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Kim Ji-Woon
GUIÓN: Jeffrey Nachmanoff, Andrew Knauer
FOTOGRAFÍA: Ji-yong Kim
MUSICA: Mowg
REPARTO: Arnold Schwarzenegger, Eduardo Noriega, Forest Whitaker, Johnny Knoxville, Luis Guzman, Harry Dean Stanton, Peter Stormare, Zach Gilford, Jaimie Alexander, Rodrigo Santoro, Génesis Rodriguez PRODUCTORA: Lionsgate Films / Di Bonaventura Pictures
GÉNERO: Acción.

Lejos han quedado aquellos años dorados en los que el fornido Arnold Schwarzenegger representara junto a Sylvester Stallone y Bruce Willis (vaya triada ¿no creen?) aquellos héroes de acción que vinieron a dar continuidad a los John Wayne, James Stewart, Lee Marvin e incluso a los Clint Eastwood (héroes de principios del siglo XX) para seguir enalteciendo los ideales del pueblo norteamericano a través  de diversos filmes donde sujetos con bíceps súper desarrollados, métodos extremadamente violentos y la implementación de frases llenas de cinismo, evitaban catástrofes mundiales o simplemente representaban aquella eterna alegoría de la lucha del bien contra el mal (este representado en rusos, chinos, serbios o latinos).

Como sea, estos amigos además de contar con un físico imponente  también estaban provistos con algo que sujetos como Vin Diesel, John Cena y todo el séquito de luchadores de la WWE con pretensiones de histriones no tienen, carisma señores, (rasgo que Bruce Willis explota al máximo para compensar la falta de musculatura) ese importante atributo que resarce las carencias histriónicas de los mencionados héroes de mi infancia, motivo por el cual y ya centrándonos en la filmografía de Schwarzenegger, su servidor pudo disfrutar de cintas que el día de hoy se han vuelto de culto por su gestación en el exacto momento histórico que se crearon, títulos para el honesto entretenimiento como son Comando (Mark Lester, 1985), El Ejecutor (John Irvin, 1986) e Infierno Rojo (Walter Hill, 1988) filmes pertenecientes a la era post Conan (John Milius, 1982) y Terminator (Cameron, 1984) donde un Arnie se muestra en todo su esplendor físico como si de un diamante en bruto se tratara (pues aún le faltaban por pulir algunos aspectos en cuanto a manejo de escena) protagonizando películas de verdadera evasión donde esos elementos tan peculiares e irrepetibles como la violencia descarnada, el negrísimo humor negro  políticamente incorrecto y miles de excesos discursivos y visuales hacían de este cine toda una gozada.

Por tal motivo este tercio de filmes esbozarían la figura heroica del actor de origen austriaco posicionándolo en los cuernos de la luna para futuros proyectos aún más ambiciosos a nivel narrativo y discursivo, como la clásica Depredador del siempre efectivo director John McTiernan de 1987 y las incomprendidas por estar adelantadas a su época pero sin temor a equivocarme las mejores cintas en la filmografía de Schwarzenegger, Perseguido (Paul Glaser, 1987) y El Último Gran Héroe (1993) de nuevo de la mano del director de Duro de Matar (1988). Pues bien el que esto escribe opina que  Arnold Schwarzenegger ya no tiene nada que demostrar, sus mejores momentos han pasado es cierto y sus apariciones en Los Indestructibles solo detonaban nostalgia para sujetos de mediana edad como su servidor, empero visualizar  un filme como El Último Desafío de la mano del realizador Kim Ji-Woon, se descubre como un decoroso regreso de Arnie al cine de género.

La cinta comienza mostrándonos como un convoy de federales liderados por el agente John Bannister (Forest Whitaker en horas bajas después de años de ganar un Oscar) se preparan para transportar a un peligroso narcotraficante conocido como Cortez (Eduardo Noriega), un sujeto con gran poder económico y gran sadismo el cual representa a la tercera generación de narcos mexicanos, motivo por lo cual dicho traslado es de vital importancia para que el sujeto sea juzgado por sus crímenes  por lo cual este se organiza en plena madruga para que las solitarias calles de la ciudad de ¿Las Vegas?  sirvan de desahogo y todo salga conforme a lo previsto. Pero como bien dictan las reglas del cine de acción nuestro villano en turno cuenta con un as bajo la manga, por lo cual el sequito de agentes del FBI sufre una emboscada a cargo de los hombres de Cortez (Noriega) y este es rescatado, creando un caos puesto que ahora el agente Bannister (Whitaker) deberá reaprender al narcotraficante antes de que este cruce la frontera a México y jamás vuelva a saber de él, y lo peor,  la situación se complica  cuando Cortez toma como rehén a la agente especial Devers (Kristen Rakes) para contar con cierta inmunidad en su huida.

Mientras esto acontece y los esfuerzos del FBI por recapturar a Cortez parecen insuficientes, puesto que este huye en un poderoso y veloz vehículo que parece el Batimovil (según las propias palabras de Bannister) a través de diferentes condados, el respetable conoce un apacible pueblo en el condado  de Sommerton en el estado de Arizona, donde el sheriff del lugar Ray Owens (Arnold Schwarzenegger) tiene que lidiar con actividades tan peligrosas como poner multas viales y cuidar el automóvil del déspota Alcalde (Titos Menchaca) en su cotidiano. Empero esta situación cambiara cuando Owens sea notificado que es muy probable que Cortez intente cruzar por el condado de Sommerton por lo cual le piden que no interfiera pues además de considerarlo incompetente, le alegan que un equipo swat está próximo a llegar para detener al delincuente.

Por supuesto el sheriff Owens en un principio obedece las instrucciones del agente Bannister pues esta consiente que no cuenta ni con los recursos humanos ni materiales para hacer frente a la amenaza  que se avecina (solo cuenta con tres ayudantes con nula experiencia para este tipo de situaciones), sin embargo cuando la extraña muerte de un habitante del condado salga a la luz y las investigaciones de Owens lo hagan descubrir que este hecho se encuentra conectado directamente con la fuga de Cortez, no tendrá más opción que vencer sus temores más intrínsecos y hacer frente al peligroso narcotraficante en aras de la implementación de justicia aunque de eso dependa su vida. Primeramente creo que el aspecto más sobresaliente del nuevo filme protagonizado por el ex gobernador de California es sin lugar a dudas que este se despoja de pretensiones y se presenta como lo que es, una solvente cinta de acción que consiente de sus limitaciones (pues tampoco aporta nada nuevo al género) encuentra en un guion bien estructurado, una portentosa dirección y el carisma de su protagonista un título entretenido de verdad.

Y es que es inevitable no encontrar en la cinta de Ji-Woon referencias discursivas y narrativas a filmes como A la Hora Señalada (Fred Zinnemann, 1952) o Río Bravo (Howard Hawks, 1959) donde el héroe es un sujeto de carne y hueso, provisto tal vez con más limitaciones que virtudes (aquí Schwarzenegger recuerda en demasía al John Wayne de la mencionada Río Bravo), y es que el propio Arnie se muestra lúcido en cuanto a su condición física y se baja de su pedestal de invencible action man de hace treinta años para interpretar si a un héroe, pero  más humano (después de todo la heroicidad se mide por las acciones morales y éticas del individuo y no en su fuerza física), con tintes que rayan en la auto parodia, en donde el propio histrión no tiene empacho en comunicarle al respetable que tal vez sea un héroe en horas bajas (la escena donde Arnold se pone anteojos para revisar la escena del crimen es impagable), pero que aún le quedan algunas batallas por librar antes de su retiro.

De ahí que la interpretación de Schwarzenegger como el sheriff Owens incluso se percibe contenida y la inserción de algunos diálogos jocosos como “ya estoy demasiado viejo para esto” o “soy el sheriff” hacen del crepuscular Arnie un sujeto cercano al espectador al tiempo que aporta también un toque de humor negro a la historia. Pero retomando las similitudes de A la Hora Señalada, aquí también encontramos un correcto manejo de suspense (la dirección de Ji-Woon  de  nuevo es el punto fuerte pues mantiene al espectador pendiente del inaplazable enfrentamiento) cuando nuestro protagonista se prepara junto a sus inexpertos ayudantes Mike Figuerola (glorioso Luis Guzman), Sarah Torrance (Jaime Alexander), el ex reo Frank Martínez (Rodrigo Santoro) y Lewis Dinkum (Johnny Knoxville haciendo de sí mismo otra vez)  para la inminente llegada de Cortez (correcto Eduardo Noriega) con el objeto de contenerlo a como dé lugar. Por supuesto que los momentos de acción no faltan y hay que decir que estos están bien montados por lo que se perciben emocionantes y correctos, basta con ver el enfrentamiento entre el sheriff Owens y un grupo de sicarios en plena calle principal del pueblo cual clásico western, por lo cual este pasaje no tiene desperdicio, o la batalla final mano a mano entre Schwarzenegger y Noriega definitivamente es de lo mejor del filme.

Por supuesto que el diseño de personajes cae en lo arquetípico (el héroe con pasado ominoso, el villano con motivaciones económicas, la chica en peligro, el ayudante chistoso que funge como sidekick, etc.) pero aun así  funcionan perfectamente para que la historia avance con suficiente fluidez para no aburrir al espectador (aunque también ayuda la ajustada duración del film que cuenta lo que tiene que contar). Así mismo y volviendo a la dirección de Ji-Woon hay que decir que esta es dinámica (la manera de colocar la cámara es genial), cuenta con un diseño de producción bastante solvente y la fotografía empleada también aporta ese aire de western clásico (y la simbología del mismo como pasar la placa a otro miembro del pueblo), además que se han tomado decisiones bastante acertadas como el empleo de violencia gráfica que aporta algo de crudeza al relato y por supuesto también un dejo de humor negro (cuando vean volar a un sujeto en pedazos entenderán lo que digo, jajaja).

Ya para finalizar diré que sí, me ha gustado El Ultimo Desafío como cinta de acción que respeta los cánones de los filmes de la vieja escuela, pues además de contar con una factura impecable en su realización, toma lo mejor de aquel acojonante genero llamado western (incluso la última cinta de Bond también recurre a este en su último tercio final) para barnizar un discurso tal vez con otro tratamiento hubiese resultado bastante anacrónico. Y lo mejor es que demuestra que si Arnold Schwarzenegger toma este tipo de papeles aún podría contar con un nicho en el cine de este género. Ah! y por cierto siempre es un placer ver a Harry Dean Stanton en activo.


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sábado, 9 de marzo de 2013

ANNIE HALL de Woody Allen

TÍTULO ORIGINAL: Annie Hall
AÑO: 1977
DURACIÓN: 94 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Woody Allen
GUIÓN: Woody Allen & Marshall Brickman
FOTOGRAFÍA: Gordon Willis
MUSICA: Varios
REPARTO: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon, Janet Margolin, Shelley Duvall, Christopher Walken, Colleen Dewhurst, Sigourney Weaver
PRODUCTORA: United Artists presents a Jack Rollins / Charles H. Joffe Production
GÉNERO: Comedia.


“Y  recordé aquel viejo chiste. Aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice 'doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina' y el doctor responde ¿pues porque no lo mete en un manicomio?' y el tipo le dice 'lo haría, pero necesito los huevos', pues eso es más o menos lo que pienso sobre las relaciones humanas ¿sabe? son totalmente irracionales, y locas, y absurdas; pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos.”

Probablemente este título represente el punto álgido en la carrera del maestro neoyorkino ya que supone ese equilibrio perfecto entre el fino humor que Allen implementaba en obras previas y la adición de drama existencialista, al tiempo que se nos presenta a ese fresco y memorable personaje que definiría al propio Woody como el eterno neurótico de buen corazón. Y es que hablar de Annie Hall es adentrarse en ese universo netamente Alleniano donde convergen todas sus pasiones que van desde las referencias a Bergman o Fellini (sus eternos maestros), su postura política y por supuesto esos miedos que a todos los seres humanos nos embargan en lo más profundo de nuestro ser como son la trascendencia, el amor o la muerte y que por supuesto aquí son retratados de forma honesta.

Incluso desde la primera toma que abre esta exquisita cinta, el espectador descubrirá que esta se trata de la obra más personal e intimista de Allen (se nota los rasgos autobiográficos), pues el propio autor quien aquí interpreta a un comediante llamado Alvy le habla directamente al respetable para contarle la agridulce historia de amor que tuvo con una bella mujer llamada Annie Hall (Diane Keaton), dama que vino a  moverle todo el esquema en su vida al descubrirse como un ente independiente, inteligente y libre sexualmente, por lo cual era indudable que un sujeto como Alvy (quien lleva una  vida más o menos monótona) quedara prendado a esta cuando descubre la particular visión que esta tiene sobre la vida.

El hecho es que Alvy (Allen) se nos muestra como un sujeto algo inseguro de sí mismo pues en su niñez su formación al judaísmo le prohibió varias cosas, pero tal vez una de las más representativas fuese la de no poder expresar su sexualidad, si no basta con ver como el presente asiste a los años mozos de colegio donde un joven Alvy de unos seis años  sin más ni más besa a una compañera de clase, lo que causa obviamente el disgusto de la maestra y el de la niña, jajajajaja. De hecho este segmento es bastante divertido y por supuesto encontramos un análisis muy puntual y  mordaz sobre el psicoanálisis, aspecto que Allen ha abordado infinidad de veces en su obra para entender su propia naturaleza y por supuesto para pitorrearse de la misma.

Por supuesto la personalidad de nuestro protagonista es aún más compleja e interesante con todo y sus manías, por lo cual  también ha desarrollado un sentido bastante exquisito (por no decir sardónico) sobre la condición humana, y cito uno de sus fabulosos diálogos "Creo que estoy obsesionado con la muerte... Tengo un concepto muy pesimista de la vida. Para mí la vida oscila entre lo horrible y lo miserable. Lo horrible sería los enfermos incurables, los ciegos y los inválidos... y los miserables nos incluye al resto de nosotros" Es por esto que ha desarrollado un sentido del humor bastante peculiar, motivo por lo cual comenzó su carrera como cómico escribiendo chistes para otros hasta que se dio cuenta que era lo suficientemente talentoso para contar sus propias bromas, lo que le ha permitido tener participación regular en televisión (aspecto que lo ha transformado también en una especie de celebridad, algo que odia por cierto, jajajaja), de ahí  que Allen vuelva a anotarse otro punch con uno de los gags más soberbios del film (y vaya que hay muchos) cuando este y Annie (Keaton) se encuentran formados en una larga fila para ver una cinta de Fellini y un sujeto bastante pedante que se encuentra tras la pareja  comienza a expresar de manera bastante grandilocuente sus impresiones sobre la obra del director italiano y cómo la televisión ha afectado al cine. Por supuesto nuestro amigo Alvy no soporta la petulancia  y presunción del tipo y de manera bastante puntual, Allen rompe la barrera narrativa del filme y se dirige al espectador para decir que este tipo debería guardarse sus comentarios para sí mismo por lo poco sustentables que son, jajajaja.

Por si fuera poco el sujeto también se dirige con el respetable y defiende su postura argumentando “¿acaso no puedo expresar lo que pienso?”, acto seguido Allen confronta al individuo por sus posturas poco acertadas con lo que respecta a la influencia de los medios en la psique del sujeto y para sorpresa de todos trae a escena a Marshall McLuhan (jajajaja) y el tipo que se creía una eminencia se queda con cara de idiota al no poder respaldar sus argumentos, jajaja. Definitivamente esta secuencia es una demostración de la genialidad que Allen tiene para que en pocos minutos suelte infinidad de disertaciones sobre política, arte y filosofía sin resultar grandilocuente, y por supuesto para descubrir que este maneja bastante bien los tiempos narrativos rompiendo el discurso lineal y utilizando el sentido metalingüístico.

Y es que esta cinta es bastante redonda pues el punto nodal es ese análisis meticuloso y si, intelectual sobre las relaciones de pareja, donde Allen aborda las diversas etapas que experimenta el sujeto cuando decide involucrarse emocionalmente con su contraparte, es por esto que aquí se retratan esos pathos que hacen que las relaciones interpersonales resulten tan interesantes, absurdas pero inevitablemente necesarias para el individuo postmoderno. De ahí que aspectos como la atracción, el enamoramiento, la crisis y el inevitable rompimiento de la pareja protagonista sean abordados de forma jocosa, honesta y por supuesto emotiva, todo gracias a una soberbia exploración de los personajes los cuales no tardan en causar empatía con el espectador gracias a que se perciben naturales y cercanos, sobre todo porque Allen evita los arquetipos en cuanto a la naturaleza entre hombres y mujeres. 

De ahí que también sea una grata sorpresa descubrir que el personaje de Annie Hall (soberbia Diane Keaton) se descubra como ese ente independiente, con capacidades intelectivas y libre en su sexualidad (basta con descubrir que es esta la que corteja al personaje de Allen y es en ese momento que con el paso del tiempo comienzan una relación) por lo cual se puede inferir que Allen entiende y respeta la naturaleza de la figura femenina, por tal motivo también encontramos a una Annie frágil y emocional por momentos, aspectos psicológicos que quedan bien retratados todo gracias a la natural y magnífica interpretación de Diane Keaton quien se mimetiza de su personaje y nos entrega uno de los personajes más entrañables en la filmografía de Woody Allen. Por otra parte también es indudable que la cinta funciona gracias a que Allen ahonda en su propia historia familiar y retrata las vivencias que lo formaron como individuo, esas vivencias que son las del sujeto común y corriente, por lo cual no hay problema en que el respetable se identifique con el personaje central, pues este se descubre honesto y cercano.

No es casualidad que dicho filme significara un parte aguas para el cine norteamericano a finales de la década de los años setenta por sus planteamientos filosóficos y sociales, de ahí que aun a casi cuatro décadas de su gestación dicho largometraje se siga percibiendo fresco, por momentos incendiario incendiario y despojado de cualquier ampulosidad discursiva; por lo cual igualmente el personaje que pone nombre al séptimo filme de Allen también se volviera un referente cultural que sigue permeando per se hasta nuestros días. Por supuesto todavía es importante mencionar que los dos personajes principales se ven arropados por unos secundarios de lujo interpretados por actores como unos jovencísimos Christopher Walken  y Jeff Goldblum, o Tony Roberts, por mencionar algunos, personajes que aportan en demasía el planteamiento que Allen nos cuenta por lo cual el discurso se redondea magníficamente.

Por supuesto el apartado visual es una parte fundamental en la historia, y como sucediera posteriormente en Manhattan (1979), la ciudad que nunca duerme se vuelve pieza fundamental para que el relato funcione, y es que la gran manzana se torna como otro personaje más dotando de personalidad al mismo. Así mismo algunas técnicas visuales usadas por Allen además de percibirse originales también refuerzan algunas alegorías como cuando Annie y Alvy tienen sexo y ella se desprende de su cuerpo para pensar en otra cosa porque no disfruta del acto (jajaja), o la animación en dibujos animados donde Alvy sostiene una conversación con la bruja de Blanca Nieves refiriéndose a las características psicológicas del porque el hombre escoge a ciertas mujeres (este es todo un logro visual y discursivo).

Así que estimados lectores si aún no ven Annie Hall o no la han visto hace un rato no duden en revisarla, pues podrían llevarse una grata sorpresa como su servidor quien después de años de no verla volvió a encontrar en esta una cinta intimista y honesta en su discurso, la cual por momentos te lleva de la risa a la reflexión y de esta al llanto y de nuevo te saca una sonrisa (cosa que no he visto en años señores)  pero lo mejor de todo es que esta plantea un válido análisis sobre esos aspectos efímeros (como la vida, la muerte, la fe, el sexo, etc.) que siempre permearan en lo más profundo del ser humano y que como lo hiciera también el grandioso Ingmar Bergman en su filmografía,  el también gran Allen sabe cómo explorar dichos cuestionamientos pero con un poco de humor, asi que  ¡Larga vida a Woody Allen!

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